viernes, 30 de noviembre de 2007


Ernesto Conde Pardes... Autor de la presente obra literaria.

Espero sea de tu agrado y puedas dejar tus comentarios.

Objetos Perdidos

Por veredas de sueño y habitaciones sordas

tus rendidos veranos me acechan con sus cantos

Una cifra vigilante y sigilosa

va por los arrabales llamándome y llamándome

pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta

Dónde están tu nombre y tu calle y tu desvelo

si la cifra se mezcla con las letras del sueño

si solamente estás donde ya no te busco

Julio Cortázar

Mendoza, Argentina, 1944

SIN ACENTOS.

EL PRESENTE BLOG, ES UN TRIBUTO A MI MAESTRO JULIO CORTAZAR.

ESPERO SEA DE SU AGRADO LAS NARRACIONES Y/O POEMAS QUE AQUI SON PUBLICADOS.

“Yo tengo un reloj con menos vida. Con menos casa y con menos acostarme yo soy un cronopio desdichado y húmedo”

-Julio Cortázar-

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”

-Julio Cortázar-

“Un cronopio es una flor, dos son un jardín”

-Julio Cortázar-

Laura 73.


Encendía un cigarrillo mientras esperaba en aquella poblada y a la vez solitaria sala de espera. El vuelo se había atrasado, pero Esteban se encontraba fuera de sí.

Fue apenas 8 días atrás cuando había compartido la cama con Laura, él no recuerda haber hecho el amor tan intensamente como aquella vez, sentía como si fuese esa la última ocasión que hiciera el amor con ella, la besó con el preparativo de sus caricias sobre sus labios de Laura. Desde aquel momento fue donde se sintió enteramente hombre (o quizá enteramente “hombre femenino” pues ese nivel de relajación y realización sólo se encuentra en la misteriosa compañera de mundo).

Había sido el martes ,unos 5 días después del encuentro con Esteban, cuando Laura se levantó a prepararse para salir a trabajar. Vigoroso (su gato) le veía y seguía con atención como queriendo avisar a Laura del eminente peligro. Eso a Laura no le importaba, tenía que salir a la oficina, de ahí saldría a recoger los documentos falsos que le permitirían salir del país 3 días después. “Mierda”, gritó ella al notar que había perdido las llaves de la casa para cerrarla cuando saliera, no tardó mucho en encontrarlas, estaban sobre la mesa de café en la sala, salió, cerró la casa, todo marchaba bien, Se oyó un motor, era un camión militar, bajaron unos soldados; “Es ella” gritó un teniente cuando 3 soldados salieron a su encuentro, le dispararon a quemarropa.

En la sala de espera del aeropuerto se anunciaba a los pasajeros que tomaran su lugar para abordar el avión. Esteban no esperaría más a Laura, era el momento de abandonar Santiago de Chile antes de que él fuera otra victima más de Pinochet, caída en el olvido; en el olvido en que quedó condenada Laura ese diciembre de 1973.

Mujer Imaginaria.


*Un pequeño Poema, a lo que una vez sucedio en mi vida... Por suerte, esto ya pasó.

¿Dónde esta tu sonrisa?

Hoy la imagino como recuerdo

mi querida mujer imaginaria.

A veces salgo a buscarte a mi balcón,

esperando darte un poco de amor,

secuelas de libertad

y una rosa pintada de rojo amor.

Ayer soñé tocar tus pechos;

perderme en tu eterno mirar,

buscando de ti una caricia,

tu desnuda libertad.

Hoy besé tus inexistentes labios;

sentí tu cálido amor,

me imagine seduciéndote para el sexo;

pidiendo perdón por invitarte a ello,

siendo dichoso por la presencia de tu cuerpo.

Hoy estuve contigo mujer imaginaria,

te besé en las obscuras calles,

supe que tu cuerpo pude tocar,

sentí la libertad de tu desnudo pecho,

sentí tu amor como inmensidad.

Existes sola-


Hoy busque nuevas alas sin raíces en la nostalgia;

la única forma de ya no saber de ti es morirme,

pues aún existen mis huellas que tus ojos tornaron grises,

aún te encuentro en mi esperanza, triste en tu nostalgia;

aún se que existes y eso sólo me basta

para saber que aún de tus besos hay matices.

Tu callas sola tan ausente, distante como una perla.

Tan sola cuando la noche te sorprende triste.

Tan cansada como las huellas de tus besos;

pero sé que aún existes en mis momentos

antes de intentar guardarte en el olvido.

Tu ríes escondiendo quizá tu llanto,

pero eso que me importa, ahora en mi sólo existe derrota

por aquellos tus besos sinceros

por aquellos momentos del recuerdo.

Sé que ahora existes sola.

Estarás.


Estarás entre Hipnos y yo

como cada noche cuando sueño,

cuando sueño que en mi ciudad esta lloviendo,

cuando la noche sola cae en el cielo.

Estarás entre mi mente y mis ojos.

Solitaria en las letras de un trovador.

Tu voz estará en la melodía

de una noche de café bohemio.

Estarás arrojada conmigo en el ahí,

existiendo en las voces

de nuestra ciudad a la media noche.

Estarás ahí cuando necesite tu cuerpo,

cuando mis manos se desgarren en huellas.

Cuando tu ausencia me haga llorar

estarás ahí.

Hay días e incluso horas...


Hay días e incluso horas en que deseo volver a verte,

tomar tu inocencia desnuda,

beber de tus labios tu aliento.

Hay días e incluso horas en las cuales me pierdo

esperándote en la esquina de una estación,

me pierdo escuchando tu suave llanto.

Hay días e incluso horas que me desconozco,

que soy un extraño en mi habitación,

que el amor me seduce y me hace suyo.

Hay días e incluso horas en que sos toda para mí,

en que me como tu cuerpo de un bocado

cuando te paseas desnuda en mi mirada,

cuando mi pensamiento cita tu palabra,

cuando mi entendimiento es todo para vos.

Hay días e incluso horas en que soy todo para vos

y sé que me deseas

y sé que me haces tuyo en tus sueños,

y sé que mi boca vive en tu recuerdo,

y sé que nuestro sabor es ya uno.

Pueblo y Patria.


En la voz del pueblo oí tu nombre,

en su mirada encontré tu rostro.

Te oí como una plegaría

en la voz de mis hermanos

que son tu pueblo.

Te encontré en el pueblo,

en cada uno de mis hermanos.

Te escuche en la guerrilla.

Te sentí en la Patria mía.

No te miento,

eres como esa Patria mía,

llena de vida con luces.

Eres de mis hermanos todas sus voces,

eres un sueño de Libertad,

eres solidaridad fraternal,

eres el hambre del pueblo,

eres como la patria mía.

Sólo tu recuerdo.


Aún te puedo ver a la distancia,

callado en melancolía espero tu regreso,

pensando cómo decirte “Bienvenida”

pensando cómo entras en mi corazón.

Mi cuarto esta vacío en el desierto,

la luz de mi ventana es ya un tormento.

¿Cómo tenerte aquí? ¿Por qué no vuelves?

ya no hay luz en mi cuarto, la empeñe por tus besos.

Sí me come la melancolía, ¿cómo te enterarás de ello?

¿Cómo sabrás sí de ti me acuerdo?

¿Cómo recibo tu último primer recuerdo?

¿Es posible ahogarme en llanto?

Sólo esta mi cuarto.

Obscuro es tu recuerdo.

¿Cómo recordar tus recuerdos?

¿Cómo rescatarme en ti?

Ya no hay luz, sólo recuerdo.

Ya no hay memoria, sólo recuerdo.

No existen tus besos, sólo zozobra y hielo.

No tengo tu sexo, sólo tu recuerdo perpetuo.

El Camino.


Si confesará que té extraño

no mentiría;

porque en cada palabra esta la verdad,

palabras que el corazón

transforma en diamantes del espíritu.

lejana agonía invade al recuerdo.

El último bastión de tu nombre

se defiende heroico del olvido,

aún tus ojos iluminan el camino,

el sendero eres tu,

tus lagrimas son la luz,

tu rostro las flores del camino.

Sí pudiese decirte tantas cosas;

pero, aún estoy en el camino,

luchando por tu nombre

sin dejarme caer en el olvido.

Distancia.



Hay partes de la distancia

que son nuestras;

cosas en el alma que no nos separan,

heridas de muerte que dan paso a la vida,

lagrimas de amor que habitan el recuerdo.

hay tantas partes de mí que tienes

almas de mí que te pertenecen.

sentimientos que nos unen.

La distancia no es larga.

para el corazón nada existe,

el sentimiento sacia mi sed,

la luz de tu nombre ilumina

mi sueño cansado de extrañar

cada parte de ti que me pertenece.

hoy somos dos formando uno.

hoy somos lo que siempre deseamos ser.

Claroscuro.


Hoy quisiera opacar la luz,

Ser obscuridad en tu nombre,

Callar en tu ausencia,

Ser silencio de tu alma.

Hoy me parezco al olvido.

Sigo siendo tuyo,

Soy la noche en tu balcón,

Soy la luz de la memoria.

Silencio callado que me invade

Es mi alma al transformarse.

Hoy sigo siendo tuyo,

Soy la huella de tus besos.

Mis ojos obscuros se transforman,

Son luces al final del camino,

Son melodía de vida,

Es tu recuerdo que me anima.

Eres el EZLN...


Ya diez inviernos desde que oí tu voz, esa primera vez que tu fusil anuncio el inicio de tu lucha, hace meses que no sé de ti, pero no callas, existes como la metralla que anuncia tu nombre, existes como la mirada de tus miles de hijos que ya son nuestros. Hace 10 rosas que me dijiste, la Democracia, la Libertad y la Justicia son causas para alzar las armas del amor de los unos con los otros.

No eres olvido, pero sin embargo, eres la voz de los olvidados, esos olvidados que hoy llevan en su maleta la voz de los muertos, de aquellos que la injusticia mató, también llevas contigo la voz de aquellos que el tirano soberano les corto la lengua, llevas la voz de los que nunca han hablado, llevas la voz de un pueblo mexicano oprimido por si mismo, que anuncia la llegada de otro rey y la caída de su conciencia a manos del enemigo. Te llevas contigo mis esperanzas, mi último palpitar desesperado, mis deseos de ver un nuevo sol.

Tienes en tus ojos la mirada de todos tus hermanos, tienes los ojos negros como la vida de injusticia que llevamos, tienes la piel de la tierra para no olvidar tu origen. Llevas en tu causa la voz de la juventud que en ti confía, llevas la esperanza de los niños que te quieren ver triunfar, llevas la sabiduría del anciano que no quiere olvidar sus pasadas penas, llevas a mi vieja patria que después de 500 años quiere seguir luchando. Llevas la voz de mis hermanos indios, aquellos a quienes les pertenece el país. Llevas en el corazón el águila al volar.

Pero también tienes el odio de los que no quieren cambiar, de los que prefieren ver a los niños llorar por el hambre antes de repartir sus riquezas. Llevas en tus botas el peso de la injusticia, pero descansaremos al final de la cañada, con la bandera de la victoria y la mirada del justo comandante, descansaremos junto a los poetas, seremos uno por fin.

No te dejaremos, ya son 10 años nada más, son la esperanza que tu fundaste en mi y mis hermanos, son los años en que tu reviviste a la nación, son los años en que he caminado contigo, son conflicto y lucha.

Hoy no me venceré, tu me ensañaste que no te rindes ni te vendes, hoy confió en tu rostro sin rostro, hoy confió en tus ojos poderosos, en tus justas palabras, confió en que tu eres mi pueblo, confió en tus manos cansadas, en tus pies enraizados a la tierra, confió en tu lengua natural y poderosa, confió en tu pueblo, confió en mi, confió en nuestra patria, queremos luchar, continuar con la esperanza, Nunca nadie nos vencerá.

Son 10 años en que mi corazón te ha recibido como un hermano, son 10 años en que nuestro pueblo grita tu nombre, son 10 años en que hemos reclamado contigo y estamos dispuestos a vencer a los tiranos.

Hoy no te busco en las sombras, estas junto a mí, reclamando la justicia y dispuesto a vencer al tirano dictador.

Eres el hermano mayor del estudiante, el sabio consejo al hermano menor. Hoy eres el inspirador del CGH, eres el justo mediador. Estas en la Universidad como el justo vigía, estas ahí para con nosotros reclamar, no te queremos cambiar, eres la inspiración universal de la patria oprimida.

Me atrevo a darte el saludo militar, pues tu labor lo amerita, defiendes a la patria, me has enseñado por donde caminar.

Que tu voz se oiga en país, desde San Lázaro hasta el pueblo, que nadie se quede sin escuchar tu verdad, que nadie menosprecie tu forma de caminar, tus ropas de trabajo, tu manera de mirar. Pues bien lo dice tu nombre tú eres la causa de la Liberación Nacional.

En tu silencio.


Te dibujas sola mientras estas desnuda,

mis labios recorren tu mundo

mientras mis manos reconocen tu profundidad.

Sé que ahora no callas

estás entregada a mi

en tu silencio,

en tu distancia.

Estas tan cerca de mis sueños,

tu, mujer pura y niña primera,

desnuda, virgen, mujer casta

alejada del pecado

en los brazos de Morfeo.

Tu vida crece en mis brazos,

tus labios fecundan vida,

en mi cuerpo esta tu sangre

derramada en cálido sudor,

tu cuerpo esta en el mío

recreando el silencio de tu amor.

DECIRTE MUJER


¿Qué puedo decirte?

aquí, en un rincón

pensándote, enumeradote,

definiéndote y analizándote.

Pensándote a ti, toda Mujer,

luz de luna, mirada de estrella,

beso de ángel y mujer inmaculada.

¿Qué puedo decirte más que palabras?

palabras celestiales, palabras de ti,

besos que nadie toca,

luna viajando entre nubes.

Quisiera decirte “Mujer”

para que me devoraras.

Quisiera decirte “Madre”

para que me parieras,

para que reconstruyeras,

para que me dieras aluz,

para iluminarme,

para que me vistieras con tus besos,

para que me amaras sin medida.

Laberinto.


Desde aquí se puede ver. Allá, frente a usted está su laberinto, en el cual no hay ningún coronel, mucho menos un cabo, es enteramente suyo, sólo está usted en su aparente soledad, pues es su corazón su más grata compañía. Vamos, no tenga miedo, este laberinto no es lo que parece. No es un tormento, mucho menos un accidentado valle, sólo es usted entretejiendo su vida.

Al centro de su laberinto, sí lo ve bien, notará que ahí se encuentra ella, cepillando su cabello frente al espejo, ¡claro que lo puede suponer! Quizá ella se está preparando para salir con usted. ¡Si! Puede suponer que ella está lista para seguir enamorándose de usted en una tranquila noche de café.

Puede abrazarla, pero se le recomienda no interrumpir el perfecto cuadro, no, no interrumpa, mire usted en silencio. Ella sabe que usted le mira, ella lo sabe, y le puedo asegurar que lo disfruta, disfruta de su silente mirada, ella disfruta de su visual compañía.

Avance por el camino que le quedará al frente, sí mira con cuidado en la parte izquierda de su laberinto encontrará usted una hermosa y tranquila zona de bancas, escoja la que mejor le parezca, espere ahí sentado a su hermano Eduardo, él le saludará, poco después sabrá usted que su madre está bien, está sola, pero bien. Siempre ha sido así en su laberinto, su madre siempre ha estado sola, tan sola como usted ahora, pero ¿su madre tendrá a su corazón de compañía?

No piense más, corra hacia el tercer camino de la derecha. Ahí encontrará usted a su madre. Dele un fuerte abrazo y un beso en la frente, se le recomienda decirle que la ama y acompañar el acto con unas cuantas lágrimas, poco después a su derecha estará la muerte, al centro estará su corazón y la izquierda estará su ángel.

Su ángel pedirá que usted lo siga, posteriormente, después de dudarlo un poco, usted lo seguirá. Su ángel lo dejará, después de haber caminado varios kilómetros, en un pasillo oscuro ubicado a unos 500 metros de la salida de su laberinto, estará cansado, se le recomienda por ende descansar. Usted tomará nota de la recomendación y se sentará en el suelo y ahí esperará, sin saberlo, a Grohmann que llegará a abrazarle por su espalda.

Autoretratos.


Está lloviendo allá afuera. En mi ventana las gotas parecen formar tu rostro. ¡Que ganas de tomar esas húmedas mejillas entre mis manos! Besar tus labios de agua viva, perderme entre tus ojos cristalinos; pero, no puedo llamarte pues tú estás en el estudio tomando fotos que usurpan el nombre de “autorretratos”, ¿sabes? Me puse a mirar entre los huecos que me regalaba la puerta (de la manera en que lo hacia cuando era chico y pillaba a la sirvienta) y al ver tu desnuda espalda me puse a recordar a Diego y a Frida, que ganas de tomar lienzo y pincel para ir pintando poco a poco mi propia felicidad, irte formando poco a poco en mi lienzo.

¿Recuerdas? Te conocí en una tarde de lluvia como ésta (hace poco se lo conté a Violeta), tu te veías a ti misma tan vanidosa y yo analizaba la foto de una mujer desconocidamente hermosa posando con su espalda desnuda (así como tú en este momento para mis ojos).

Pensándolo bien, ¡que bueno que en algunas fotografías han estado optando por dar el anonimato al rostro de las modelos! Así pude sorprenderme al descubrir que la modelo de dicha foto eras tu por tú tatuaje, la luz de la flor de tu piel y tu infinito cuerpo.

Te invité un café, recuerdo que empezamos platicando de la foto y terminamos hundidos en Benedetti. Desde entonces hasta ahora es hermoso verte resurgir en tu sonrisa, desde entonces hasta ahora es hermoso mirarme en el espejo eterno de tu felicidad.

Para mi sorpresa te hospedabas en el mismo hotel en el cual yo estaba. Yo me encontraba desconcertado y no me quedó más remedio que saludarte con un ademán bastante estúpido. Sin esperarlo me invitaste a pasar a tu habitación y pediste que te hablara de mí; te conté que seis años atrás había muerto mi padre quien fue un exitoso empresario (¡vaya calamidad!), recuerdo que me mirabas incrédula pues mi modo de vestir y la categoría de aquel hotel no correspondían con mi clase social, pero ahora sabes bien de mi afición a huir del estereotipo y responsabilidad de mi clase social, no sé sí por diversión, ideología, cobardía, ganas de ser original o descontento con mi padre. Es cierto (según mi padre), sólo Eduardo y Luis eran sus hijos, pero yo fui el único que ayudó a mamá a administrar la editorial después de su muerte. Nunca soporté de mi padre sus juicios de burgués y su manera de desvivirse por los lujos; desde entonces hasta ahora he defendido la idea de que una vida austera es mejor que perderse en la banalidad de los lujos.

Te dije por ello que estaba en ese hotel porque yo sólo necesitaba una cama para dormir y un baño para ducharme, “pocas son las cosas que tengo y esas cosas las necesito poco”, ¿quién fuera como tú, hermano Francisco?

No sabes como me gusta que pongas esa cara de incrédula con la que me dices elegantemente “no te creo”.

Platicamos tanto en tu cama mientras la tele transmitía un indiferente partido de fútbol. Yo miraba tus labios y descubría tus ojos con mi corazón. Al oírte hablar con tanta elocuencia de tantos temas comencé a pensar que tu podías ser la modelo de aquella foto perfecta de la exposición, te sorprendiste y preguntaste como llegué a saber eso... y te repito (aún) no lo sé, sólo me lo dijo el corazón.

Hablamos tanto esa noche que sin sentirlo acaso nos quedamos dormidos el uno contra el otro.

Todo eso pasó en una tarde como esta. Una tarde en la que llovía.

Temblando en una habitacion.


Nunca se lo imaginó así, ella tan perfecta, un poco más perfecta que ayer. Veía lentamente el advenimiento de sus ojos obscuros y profundos como sus sueños donde sin duda reinaba ella. Deseaba el momento de encontrarse con su tibia piel, soñando hundirse en su exquisito sabor de mujer que tantas noches construyó en su mente y que todos los días veía convivir con él y por las tardes le invitaba a comer a ese restaurante vegetariano que estaba a una calle de su lugar de trabajo.

Un silencio y ella aproximándose con esa mirada que lo enloquecía atormentadamente. Solo veía ahí su sonrisa que lo decía todo sin palabras, sin caricias y sin nada más; sin embargo, sentía la lenta desgracia de ir olvidando poco a poco aquel discurso prefabricando que con tanto ahínco preparó una noche antes para ella (mientras su almohada, su fiel consejera, le decía al oído lo que debía decirle para aquel día en que por fin de decidiría a decirle que...).

-Hola, Emiliano.- Dijo Montserrat; como es natural. Él sin embargo sintió lentamente temblar su estómago como hace mucho tiempo no lo sentía, quizá desde la infancia que no lo sentía. A su vez, también sentía a su boca hacerse cada vez más pesada, al grado que él sentía que sus palabras tarde o temprano caerían como pesadas rocas ante los píes de Montserrat causando un horrible escándalo de avalancha sobre los dos.

-Hola, como has estado- dijo él con más pena que ahínco, el “Bien gracias” no se hizo esperar por parte de ella y de nuevo él sentía venir esa maldita sonrisa que tanto le disgustaba de sí mismo; a veces quería ser más parecido a esos galanes de las películas de moda que a ella tanto le gustaban, le hubiese sido grato tomarla entre sus brazos y besar sus labios apasionadamente, encontrando las palabras perfectas, mientras a su vez, él, hacia uso de sus mejores y más cálidas miradas para verla extasiarse entre sus brazos hasta que ella...

-¿Sabes? Recibí todos tus mensajes que me dejaste en la contestadora, disculpa por no darte la respuesta más pronto pero, sabes que el trabajo y las prisas me tienen un poco...- Dijo ella.

-No, no importa.- Interrumpió él. -¡Para qué estamos los caballeros!, tú no te preocupes.- Contestó con un cierto tono de tipo orgulloso de sí mismo como sí él después de la tormenta lograra encontrarse con un buen camino para emprender el retorno seguro a casa. Estaba enfermo y él lo sabía, y no hacia nada por salvarse de esa enfermedad que de poco a poco lo comía, gozando cada momento de la agonía como una orgásmica felicidad. Nunca antes lo había visto tan nervioso y tan estúpido frente a una mujer, pero él no se sentía así, por lo menos en eso momento que su orgullo de galán estaba por las nubes.

Ella le sonreía de manera un poco más interesada y él sentía temblar (ahora no sólo su estómago) todo su cuerpo en un frenético pero, orquestal movimiento jamás sentido.

Sin dudarlo él la abrazo, sus miradas se encontraron por fin en íntimo espacio jamás experimentado, sus alientos quedaron casi hermanados en un solo ambiente, sus bocas se buscaban lentamente como para fusionar sus sentimientos, ella no dejaba de hundirse en sus brazos que ahora los sentía como su espacio intimo, él no quería dejarla ir de su cuerpo.

Un señor gordo pasó empujándolos lentamente, ellos jamás lo notaron; el reloj de péndulo en el pasillo hacia mucho ruido, ellos no lo oyeron; una niña que se había caído de la bicicleta lloraba a rabiar, ellos no lo notaron; alguien tocaba a la puerta de la habitación de Emiliano, una agradable voz de mujer le decía que se apresura para no llegar tarde a trabajar y entonces Emiliano...

Ausencias.


Es extraño darme cuenta de repente como es que estás presente en mí desde que despierto.

Y comienza el día cuando el sol golpea mi ventana y (sin querer) al verme al espejo te encuentro tan cerca, del lado derecho de mi sonrisa a la vez que pareces estar brillando muy tenuemente al lado izquierdo de mi mirada; y así de poco en poco, de cinco en cinco, pasan los minutos pensando en ti, recordando tu mirada, plasmando con trazos invisibles tu sonrisa en mi habitación, y a veces, sí, sólo a veces, cuando me doy cuenta que tu no estás, con una lágrima reconstruyo tus finas caricias en mis mejillas.

Quizá tu no lo sabes, pero hoy no te ausentaste en mi cama, pues mis sueños, otra vez, me hicieron victima de tu dulzura que se parece tanto al poder de tus abrazos. Hoy no fui victima de esas nostalgias obscuras en mi tranquila noche, pero por la mañana, cuando el sol quemaba mi rostro y nuestra ciudad se hundía en el calor de esta nuestra primavera fue entonces cuando sentí ganas de verte, de tenerte sólo ahí, como siempre, tan sólo en cinco minutos, coronada de azul y de cielo mientras yo te regalaba (justo ahí) debajo de tus pies mi ciudad tranquila y callada, sensual y agresiva como tu mirada.

Viéndolo bien (sólo quizá) también te hubiera llevado a los jardines colgantes de las afueras de la ciudad; ahí donde una vez soñé que me pedías construirte tu castillo. Ese castillo azul, con flores amarillas, lagos rojos y verdes arbustos; y tu te veías a ti misma como una soberana Reina y como un victorioso arco iris. Tú estabas ahí otra vez llenando mis sueños de despierta vigilia con colores, luz y sentimientos mientras mis ojos fijos en la ciudad esperaban verte aparecer de pronto con los brazos abiertos para recibir radiante la belleza de nuestros cuerpos eternizados en un abrazo.

Heroica Tlaxcala de Xicohténcatl a 20 de abril de 2006.

Holocausto en las calles del Centro.


Caminaba a solas por las calles de la destrozada ciudad, recuerdo que la sangre de los blikx aun era fresca en los edificios que llevaban al centro. gatos, perros y niños buscaban migajas en los contenedores de basura abandonados con muy poca suerte. Al caminar yo escondía mis alas bajo una gabardina negra, larga, descolorida y vieja; mis ojos grises también debían ser escondidos bajo unas grandes y gruesas gafas obscuras, miraba hacía todas partes antes de cruzar una calle, sí un guardia de los Lorx me seguía estaría en grandes aprietos, mis alas y mis ojos grises podrían delatar que yo pertenecía a la raza de los Blikx; no miento pero a cada paso me sentía perseguido, oía tras de mí el andar exhaustivo de Botas Militares persiguiéndome, debía cuidarme de los Lorx para que no me arrancaran las alas y posteriormente me llevasen a los campos de concentración. No sé cuanto tiempo pasó después de contemplar la miseria de los seres vivos y la sangre de mi pueblo derramada en los muros de las casas hasta que llegué al jardín central de la ciudad, ahí se hallaba una gran multitud, la turba iracunda reaccionaba con fervor ante el llamado de un himno entonado por un Coronel del ejercito de los Lorx, se oía gritar a la gente -"Mátenla, que no viva"-. Yo me asusté mucho, pero me cerré fuertemente el abrigo y ajuste mis gafas, no podía quedarme indiferente, presencie aquel acto. Una hermosa mujer Blikx subía al patíbulo mientras llevaba en la cabeza una bolsa de tela negra, daba poco a poco unos pequeños pasos elegantes por aquel patíbulo, los dos verdugos Lorx que la acompañaban reían cínicamente ante los golpes que le propiciaban a aquella fina dama, recuerdo que oía claramente sus clamores de piedad mientras los verdugos y los espectadores se burlaban de su dolor. Los verdugos se disponían a desenvainar sus espadas para cortarle de un solo tajo las alas de aquella hermosa mujer, ella se movía como queriendo evitar ser privada de aquel regalo de Dios Padre, ella se movía y gritaba, después de tanto forcejeo los verdugos lograron arrancarle las alas a la bella dama mientras lentamente quitaban la bolsa de tela que la cubría, distinguí en ella una boca familiar, poco después su rostro se me hizo familiar era Eliot la mujer que ayudaba en el refugio del Ghetto de los Blikx curando niños y dándole de comer a los enfermos, la misma mujer que llevo hace tres meses al sacerdote que nos fue a enseñar la palabra de Jesús como una luz de alivio en nuestro infernal y lento dolor, la misma mujer que cuando me atacaron unos fanáticos Lorx me curó las heridas, la misma mujer que tres días antes de su ejecución que estaba presenciado me iba a hacer feliz dándome un hijo, la misma mujer que por haberla defendido aquella noche de su ejecución fui condenada a esta cámara de gases ya sin mis alas, ni mis ojos grises que son las fuentes de poder de nosotros los Blikx.

PD: Nunca más un holocausto, para que la memoria nos permita no regresar al pasado NAZI a 60 años de Auschwitz.